Pruebas PISA: la razón por la que va tan mal a Colombia.

Los resultados de las pruebas PISA 2025 dejan a Colombia ante una señal de alarma que trasciende la discusión sobre un simple descenso estadístico. El país volvió a retroceder en Matemáticas y Lectura, apenas consiguió una mejora marginal en Ciencias y, aunque conserva una posición intermedia dentro de América Latina, continúa considerablemente por debajo de los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La medición, aplicada a estudiantes de 15 años en 91 países y economías, muestra además que el deterioro educativo no es exclusivamente colombiano. La propia OCDE advierte que sus países miembros registraron en 2025 los promedios más bajos de toda la serie histórica en Matemáticas y Lectura. Sin embargo, esa tendencia internacional no elimina el problema colombiano: por el contrario, evidencia que el país enfrenta una crisis educativa mundial desde una posición de mayor vulnerabilidad.

Colombia obtuvo 381 puntos en Matemáticas, dos menos que en 2022, y se ubicó en el sexto lugar entre los países latinoamericanos participantes. El resultado supera en ocho puntos el promedio regional, de 373, pero queda nada menos que 82 puntos por debajo del promedio de la OCDE, de 463.

El dato más preocupante está en la distribución de los estudiantes: aproximadamente siete de cada diez no alcanzaron el nivel básico de competencia matemática. El problema, por tanto, no consiste únicamente en que el promedio nacional sea bajo, sino en que una proporción extraordinariamente elevada de adolescentes llega al final de la educación obligatoria sin dominar herramientas elementales para resolver problemas.

En Lectura el panorama tampoco mejora. Colombia obtuvo 399 puntos, diez menos que en la medición comparable anterior, y nuevamente ocupó el sexto puesto regional. Aunque superó en diez puntos el promedio latinoamericano, de 389, quedó 62 puntos por debajo del promedio de la OCDE, situado en 461.

En Ciencias aparece el único dato positivo: Colombia pasó de 411 puntos en 2022 a 414 en 2025. Sin embargo, esa recuperación es insuficiente para hablar de una reversión de la tendencia. El país descendió del tercer al cuarto lugar regional y permanece lejos de los sistemas educativos que históricamente han conseguido mejores resultados en América Latina.

La comparación regional resulta especialmente reveladora. **Chile y Uruguay continúan encabezando el desempeño latinoamericano**, mientras México supera a Colombia en Matemáticas y Lectura. Colombia, por su parte, aparece por delante de Argentina y Perú en el promedio general de los resultados considerados, pero esa ventaja no debería convertirse en motivo de complacencia. Los datos muestran que el país permanece atrapado en una franja media-baja de rendimiento y sin avances suficientes para acercarse a los sistemas regionales que presentan mejores resultados. La tabla oficial de la OCDE confirma, además, que Colombia registró 414 puntos en el promedio general de las tres áreas, frente a 414 de México y por debajo de Chile y otros sistemas latinoamericanos mejor posicionados.

Hay, además, una paradoja que merece atención. Colombia no está entre los países latinoamericanos con peores resultados, pero tampoco consigue transformar esa posición intermedia en una trayectoria ascendente. El hecho de permanecer alrededor del sexto lugar regional durante varias mediciones indica que el problema no es solamente coyuntural: existe una dificultad estructural para elevar los aprendizajes fundamentales.

La situación adquiere mayor relevancia porque PISA no mide exclusivamente la capacidad de memorizar contenidos. La evaluación busca establecer hasta qué punto los jóvenes de 15 años pueden utilizar sus conocimientos de Matemáticas, Lectura y Ciencias para enfrentar problemas de la vida real.

Esto significa que los resultados colombianos plantean una pregunta mucho más profunda: ¿qué tan preparados están los jóvenes que hoy terminan el colegio para desenvolverse en una economía que exige cada vez más capacidades de análisis, resolución de problemas, comprensión lectora y adaptación tecnológica?

La pregunta es especialmente pertinente en un momento en que la inteligencia artificial está modificando aceleradamente la manera de estudiar y trabajar. La OCDE encontró en PISA 2025 que la tecnología puede contribuir al aprendizaje cuando se utiliza con objetivos pedagógicos claros, pero advierte que su utilización excesiva o sin orientación puede perjudicar el rendimiento. Los estudiantes que emplearon inteligencia artificial para aprender y que recibieron orientación para evaluar la calidad de la información generada tendieron a obtener mejores resultados que quienes no recibieron esa formación.

Colombia enfrenta, entonces, un doble desafío. Por una parte, debe recuperar aprendizajes básicos que una parte considerable de los estudiantes todavía no domina. Por otra, tiene que preparar a esa misma generación para un escenario tecnológico en el que ya no basta con saber buscar información: será indispensable comprenderla, contrastarla, interpretarla y utilizarla para solucionar problemas.

Los resultados también cuestionan la idea de que una mayor disponibilidad de dispositivos tecnológicos equivale automáticamente a una mejor educación. La OCDE encontró que más de uno de cada cuatro estudiantes manifestó que sus compañeros se distraían con dispositivos digitales en la mayoría o en todas las clases de Ciencias. Esa distracción estuvo asociada con menores resultados académicos y menor vinculación con la escuela.

En Colombia, por tanto, la discusión educativa no debería reducirse a cuánto se invierte, cuántos computadores llegan a los colegios o cuántas herramientas de inteligencia artificial se ponen a disposición de los estudiantes. La cuestión central es **qué está ocurriendo dentro del aula y por qué tantos jóvenes no están adquiriendo las competencias fundamentales después de casi toda su trayectoria escolar.

También resulta significativo que los propios estudiantes colombianos exhiban fortalezas. El informe señala niveles elevados de curiosidad, pero esa disposición no parece estar convirtiéndose suficientemente en resultados académicos. Es una señal de que el problema puede estar menos relacionado con la falta de interés de los jóvenes y más con las condiciones en las que se desarrolla el proceso educativo: calidad de la enseñanza, ausentismo, desigualdades sociales, acompañamiento familiar, capacidades docentes y diferencias entre territorios y establecimientos.

La comparación con Chile y Uruguay es particularmente importante porque demuestra que el contexto latinoamericano no constituye una explicación suficiente para justificar los bajos resultados. Aunque ambos países también están por debajo del promedio de la OCDE, sus sistemas educativos mantienen una posición regional más favorable. Chile, por ejemplo, sigue siendo el sistema latinoamericano de referencia en PISA, aunque también experimentó retrocesos recientes en Matemáticas y Lectura.

Esto introduce un elemento fundamental en el análisis: Colombia no necesita únicamente compararse con los países desarrollados; también debe preguntarse qué están haciendo mejor los sistemas educativos de América Latina que consiguen obtener resultados superiores con sociedades que enfrentan problemas económicos y sociales igualmente complejos.

El panorama internacional, además, obliga a evitar una lectura simplista. PISA 2025 muestra que la crisis del aprendizaje es global. En los países de la OCDE, uno de cada cinco estudiantes presenta bajo desempeño en las tres áreas fundamentales, frente al 16 % registrado en 2022. Entre 2015 y 2025, el promedio de Matemáticas de la OCDE cayó 22 puntos y el de Lectura 28.

La pandemia explica una parte del deterioro, pero no todo. La tendencia descendente comenzó antes de 2020 en numerosos sistemas educativos. Por ello, los resultados colombianos deben interpretarse como parte de una transformación más profunda de la educación: los modelos tradicionales están teniendo dificultades para mantener los aprendizajes en un contexto marcado por la digitalización, la sobreexposición a pantallas, los cambios en los hábitos de lectura y nuevas formas de acceder a la información.

Para Colombia, sin embargo, el margen de error es reducido. Estar 82 puntos por debajo de la OCDE en Matemáticas y 62 puntos por debajo en Lectura no es una diferencia menor. Representa una brecha de aprendizaje que puede convertirse posteriormente en una brecha de productividad, empleabilidad, innovación y desarrollo económico.

Por eso, el resultado de PISA 2025 debería ser leído menos como una clasificación y más como un diagnóstico. Colombia no está ante el problema de ocupar el sexto lugar de América Latina; está ante el problema de que una mayoría de sus adolescentes no alcanza las competencias que necesitará para desenvolverse con autonomía en la vida adulta.

La discusión, en consecuencia, debería superar la habitual disputa política sobre quién tiene la responsabilidad de los resultados. El desafío exige políticas educativas de largo plazo que sobrevivan a los cambios de gobierno, fortalezcan la formación y el acompañamiento de los docentes, reduzcan el ausentismo, concentren esfuerzos en Matemáticas, Lectura y Ciencias y enseñen a utilizar la inteligencia artificial como herramienta de aprendizaje, no como sustituto del pensamiento.

El verdadero costo de estos resultados no aparecerá necesariamente en las estadísticas educativas de mañana. Se hará visible años después, cuando esta generación ingrese al mercado laboral y el país compruebe que sus dificultades para comprender textos, resolver problemas y analizar información también se traducen en menores capacidades para competir en una economía cada vez más basada en el conocimiento. PISA 2025, en ese sentido, no solo está diciendo cómo están los estudiantes colombianos hoy. Está ofreciendo una advertencia sobre el tipo de capital humano con el que Colombia enfrentará la próxima década.

La versión incorpora los datos del material que usted suministró y los contrasta con la publicación oficial de la OCDE de hoy, especialmente para contextualizar la caída colombiana dentro del deterioro educativo internacional. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *