¿Se abren paso los Estados Unidos de Europa?

El debate sobre el futuro de la Unión Europea volvió a adquirir una dimensión de fondo en Francia. Gabriel Attal, candidato presidencial del partido Renacimiento, propuso este jueves avanzar hacia la creación de unos “Estados Unidos de Europa” y someter el proyecto a un referéndum europeo, en una iniciativa que busca relanzar el proceso de integración del continente.

Attal presentó su propuesta en Reims, durante una intervención realizada en la fábrica de Latitude, empresa vinculada al sector espacial. Su anuncio se produjo apenas un día después del discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo.

La coincidencia temporal no fue accidental. Mientras von der Leyen planteó una agenda orientada a reforzar la capacidad de Europa para actuar de manera independiente en materia de seguridad, competitividad, energía, tecnología y política exterior, Attal decidió llevar el debate un paso más allá y plantear abiertamente una transformación de la arquitectura política europea.

“Debemos construir los Estados Unidos de Europa”, sostuvo Attal en un texto difundido con motivo de su intervención. El dirigente francés presentó la propuesta como una manera de recuperar un proyecto de integración que, a su juicio, ha perdido impulso frente a los cambios económicos, tecnológicos, militares y geopolíticos que enfrenta el continente.

La iniciativa contempla comenzar con un grupo de países dispuestos a avanzar con mayor rapidez en la integración. Según los detalles conocidos de su propuesta, Attal plantea que ese núcleo inicial impulse proyectos comunes en ámbitos económicos, tecnológicos y ambientales, acompañado por una mayor convergencia de determinadas normas, incluidos aspectos tributarios y laborales.

El proyecto incluiría además una nueva estructura institucional. La propuesta contempla una autoridad política elegida mediante sufragio universal y un Parlamento integrado a partir de representantes de los países que formen parte de esa primera etapa de integración. La intención sería crear una estructura de carácter federal que permita a los Estados participantes compartir decisiones en determinadas áreas estratégicas.

Uno de los elementos centrales del planteamiento es precisamente la consulta directa a los ciudadanos. Attal propone que el proceso tenga como punto de partida un primer referéndum europeo, con el propósito de otorgar legitimidad democrática al eventual salto hacia una integración política más profunda.

La propuesta recupera así uno de los debates más antiguos y sensibles del proyecto europeo: hasta dónde deben llegar las competencias de las instituciones comunitarias y cuánto poder deben conservar los Estados nacionales. En Francia, la cuestión tiene además una carga política particular. El país fue escenario de fuertes controversias durante el referéndum sobre el Tratado de Maastricht de 1992 y posteriormente durante la consulta sobre el proyecto de Constitución Europea de 2005. Por esa razón, cualquier iniciativa encaminada a profundizar la integración vuelve a poner sobre la mesa el enfrentamiento entre las posiciones federalistas y las corrientes soberanistas.

Attal sostiene que Europa necesita superar el modelo actual para adquirir mayor capacidad de actuación frente a las grandes potencias. En su planteamiento, el mundo está evolucionando hacia una competencia entre grandes bloques con capacidad económica, tecnológica, industrial y militar, lo que obligaría a los países europeos a actuar conjuntamente para mantener capacidad de influencia.

El anuncio llega, además, en un momento de renovada discusión sobre la autonomía estratégica europea. En su discurso del 16 de septiembre, von der Leyen insistió en que Europa debe fortalecer su capacidad para determinar su propio rumbo y anunció iniciativas relacionadas con defensa, seguridad, tecnología, energía y alianzas internacionales. También propuso crear un Consejo Europeo de Seguridad y mecanismos de respuesta conjunta ante determinadas crisis.

La presidenta de la Comisión también planteó estrechar la relación con Canadá mediante un nuevo estatus de miembro asociado de la Unión Europea, una iniciativa que refleja la búsqueda de nuevas alianzas en un escenario internacional marcado por tensiones comerciales y de seguridad.

La propuesta de Attal, sin embargo, va más allá de reforzar la cooperación entre los actuales miembros. Su planteamiento abre directamente la discusión sobre una eventual transformación federal de Europa y sobre la posibilidad de que un grupo de países avance hacia una integración política mucho más estrecha.

El proyecto tendrá que afrontar importantes obstáculos jurídicos y políticos. Una modificación de la arquitectura institucional de la Unión requeriría acuerdos entre los Estados participantes y procesos de ratificación conforme a sus respectivos sistemas constitucionales. Además, la decisión de avanzar a distintas velocidades plantea interrogantes sobre la relación entre los países que integren esa eventual “vanguardia” y los restantes miembros de la Unión.

Por ahora, la propuesta de Attal constituye un planteamiento político de campaña y no una decisión adoptada por las instituciones europeas. Su importancia radica en que coloca nuevamente en el centro del debate francés una pregunta que acompaña al proyecto comunitario desde sus orígenes: si Europa debe seguir siendo fundamentalmente una asociación de Estados soberanos o avanzar hacia una estructura política federal con instituciones y competencias comunes mucho más profundas.

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