La experiencia argentina pone sobre la mesa un problema que atraviesa los sistemas educativos de América Latina: garantizar que los adolescentes permanezcan en las aulas no significa necesariamente que estén aprendiendo lo que necesitan. La cobertura escolar puede ser elevada y, al mismo tiempo, persistir dificultades en comprensión lectora, razonamiento matemático, continuidad académica y culminación oportuna de los estudios.
El caso también permite examinar la situación colombiana, donde los indicadores de acceso, permanencia y desempeño académico deben analizarse conjuntamente. No basta con contabilizar estudiantes matriculados; es necesario establecer cuántos avanzan sin retrasos, terminan cada nivel educativo y adquieren las competencias fundamentales para continuar sus estudios o incorporarse al mundo laboral.
Argentina enfrenta una paradoja educativa que cuestiona los resultados de sus políticas de escolarización: aunque el 97 % de los adolescentes de 15 años asiste a la escuela, apenas una pequeña proporción logra avanzar sin retrasos académicos y alcanzar simultáneamente los conocimientos básicos de lectura y matemáticas. El problema revela una brecha entre garantizar el acceso a las instituciones educativas y asegurar que los estudiantes aprendan efectivamente.
El fenómeno fue examinado por el Observatorio de Argentinos por la Educación mediante el Índice de Resultados Escolares en América Latina, un indicador que combina tres variables: asistencia escolar, trayectoria académica sin repetición ni abandono y desempeño mínimo en lectura y matemáticas, medido a través de las pruebas internacionales PISA.
Según el informe citado en la información original, solo 19 de cada 100 adolescentes argentinos cumplen actualmente las tres condiciones. En 2009 eran 26 por cada 100, lo que evidencia un retroceso en la proporción de jóvenes que llegan a los 15 años con la edad correspondiente al curso y las competencias esperadas. El resultado contrasta con la elevada asistencia escolar y demuestra que la permanencia en las aulas, por sí sola, no garantiza una educación de calidad.
El deterioro tampoco puede explicarse únicamente por la repetición de cursos o el abandono escolar. El índice muestra que, entre los adolescentes que asisten a clase, una parte importante ha experimentado interrupciones en su trayectoria o no se encuentra en el grado correspondiente a su edad. A ello se suman las dificultades para alcanzar los niveles mínimos de comprensión lectora y razonamiento matemático.
La diferencia es fundamental. Un estudiante puede permanecer matriculado, avanzar de curso e incluso aprobar asignaturas sin dominar suficientemente las competencias que necesita para comprender textos, interpretar información, resolver problemas o continuar su formación con autonomía. Por esa razón, los resultados de las pruebas estandarizadas aportan una perspectiva distinta de las calificaciones escolares y de las estadísticas de cobertura.
La comparación regional también plantea interrogantes. Uruguay y Chile aparecen entre los países con mejores resultados en el indicador presentado por el observatorio, mientras Argentina queda rezagada frente a varias naciones latinoamericanas. El estudio señala, además, que el aumento de la cobertura no se ha traducido necesariamente en una mejora equivalente de los aprendizajes.
Una de las explicaciones propuestas apunta a las dificultades que se originan durante los primeros años de escolaridad. La comprensión lectora, por ejemplo, es una competencia transversal: un alumno que no interpreta correctamente el enunciado de un problema matemático tendrá dificultades para resolverlo, aunque conozca las operaciones necesarias. Cuando estas deficiencias no se identifican y corrigen oportunamente, pueden acumularse a lo largo de la educación primaria y hacerse más visibles durante la secundaria.
La discusión también involucra a las familias, los docentes, los directivos y las autoridades. La inclusión educativa sigue siendo indispensable, pero debe acompañarse de mecanismos de nivelación, formación docente, evaluación continua y atención a las desigualdades sociales y territoriales. El desafío consiste en evitar que la ampliación de oportunidades termine coexistiendo con trayectorias escolares prolongadas y aprendizajes insuficientes.
La situación colombiana presenta desafíos comparables. En el Índice de Resultados Escolares de América Latina elaborado con datos de PISA 2022, Colombia registró un 19 % de adolescentes de 15 años que cumplían simultáneamente las condiciones de trayectoria escolar oportuna y desempeño mínimo en lectura y matemáticas, frente al 22 % de Argentina en esa edición del estudio. Es importante distinguir estos datos de las cifras posteriores o de otros indicadores: corresponden a una metodología específica y a la información de 2022.
Los resultados de las pruebas PISA 2022, publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), permiten precisar las dificultades nacionales. En Colombia, solo el 29 % de los estudiantes evaluados alcanzó al menos el nivel básico de competencia en matemáticas, mientras que en lectura lo consiguió el 49 % y en ciencias, el 49 %. En matemáticas, la proporción colombiana quedó muy por debajo del promedio de la OCDE, situado en el 69 %.
El Ministerio de Educación Nacional destacó avances de largo plazo en lectura y matemáticas respecto de la primera participación colombiana en PISA, en 2006. Sin embargo, los resultados de 2022 también mostraron retrocesos frente a 2018: el puntaje promedio pasó de 391 a 383 en matemáticas, de 412 a 409 en lectura y de 412 a 411 en ciencias. Por tanto, las mejoras acumuladas en determinados periodos no eliminan las dificultades actuales ni permiten ignorar el comportamiento de cada área.
La conclusión para Colombia es clara: el reto educativo no termina cuando un niño ingresa a la escuela o cuando un adolescente permanece matriculado. Es necesario garantizar que aprenda, avance sin retrasos evitables y culmine sus estudios con competencias suficientes. Para ello, las políticas públicas deben prestar especial atención a la educación inicial y primaria, reforzar la comprensión lectora desde los primeros grados, mejorar la enseñanza de las matemáticas y reducir las brechas entre zonas urbanas y rurales y entre estudiantes de distintos niveles socioeconómicos.
Las estadísticas de acceso y permanencia son indispensables, pero deben leerse junto con los resultados de aprendizaje, la repetición, la deserción y la culminación de los ciclos escolares. De lo contrario, el país corre el riesgo de confundir escolarización con formación efectiva y de trasladar a la educación media y superior deficiencias que debieron atenderse desde los primeros años.



