Periodistas falsos y noticias falsas, la estrategia de I.A. que usa Abelardo para mantener su imagen positiva.

Un supuesto reportero rodeado de habitantes de Quibdó, frente a una camioneta blanca que aparenta ser la del presidente Abelardo de la Espriella, sonríe ante la cámara y asegura que el mandatario cumplió su promesa de visitar el Chocó. La escena parece una cobertura periodística convencional, pero tiene un problema fundamental: el periodista nunca existió y el encuentro con la multitud tampoco ocurrió.

El video fue generado mediante inteligencia artificial y difundido a través de la página de Facebook Neurocurioso, una cuenta creada en septiembre de 2025 que, según una investigación publicada por La Silla Vacía, ha producido más de un millar de videos con un alcance superior a los 384 millones de reproducciones. Solo la pieza relacionada con la supuesta visita de De la Espriella al Chocó superó las 450.000 visualizaciones.

La investigación fue realizada por Camilo García, conocido en redes sociales como @hyperconectado y especializado en identificar contenidos creados mediante inteligencia artificial. Su trabajo permitió establecer que detrás de Neurocurioso existe una auténtica fábrica de avatares digitales utilizados para construir relatos aparentemente periodísticos y, en la mayoría de los casos, favorables al presidente.

El fenómeno adquiere especial relevancia porque no se trata simplemente de imágenes o videos humorísticos. Los contenidos imitan deliberadamente el lenguaje y la estética de una cobertura informativa: un supuesto periodista aparece en primer plano, sostiene un teléfono celular, habla con acento colombiano y relata acontecimientos reales como si hubiera estado presente en el lugar de los hechos.

El recurso es particularmente eficaz porque mezcla hechos verdaderos con protagonistas y escenas ficticias. De esta manera, quien observa el video puede reconocer un acontecimiento que efectivamente ocurrió y asumir que también son reales las imágenes y el supuesto testimonio que lo acompañan.

Uno de los ejemplos identificados corresponde al traslado de presos desde la cárcel de Barranquilla. El hecho fue real, pero el supuesto periodista que aparece narrándolo fue generado con IA. En las imágenes, el avatar camina mientras habla a la cámara y detrás de él aparecen personas que supuestamente son los reclusos trasladados hacia un vehículo del Inpec.

La apariencia hiperrealista puede dificultar la identificación del montaje, aunque existen señales que permiten descubrirlo. En determinado momento, el personaje aparece hablando con las dos manos mientras el teléfono que supuestamente sostenía permanece inexplicablemente suspendido. También se refiere a Barranquilla como un “departamento”, un error geográfico difícil de atribuir a un periodista colombiano real.

Las inconsistencias se repiten en otras producciones. Un supuesto creador de contenido aparece criticando una decisión judicial relacionada con las expresiones religiosas del presidente, mientras permanece en una supuesta plazoleta de la Universidad Distrital que, en realidad, no existe. Los avisos que aparecen en el escenario también contienen palabras incorrectamente escritas.

En otra grabación, un supuesto militar habla sobre cooperación con Estados Unidos. Sin embargo, el uniforme presenta errores y la escenografía revela una inconsistencia aún más evidente: el lugar que pretende representar una instalación militar contiene un aviso correspondiente a “salidas internacionales” del aeropuerto El Dorado.

La IA también recreó una supuesta manifestación de respaldo a De la Espriella después de la decisión que le ordenó retirar determinados símbolos patrios de su campaña. En ese caso, las calles representadas no corresponden a un lugar real, los textos de los avisos presentan errores y los escudos y logotipos de la camiseta de la Selección Colombia aparecen deformados.

Para La Silla Vacía, estos contenidos no fueron producto de una campaña publicitaria convencional. La investigación señala que la página no tenía pauta y que fue creada desde cero, sin reciclar una cuenta anterior ni modificar el nombre de un perfil existente. Además, estaría administrada por una sola persona desde Colombia.

Eso significa que su enorme alcance no puede explicarse por una antigua comunidad de seguidores o por la inversión en publicidad. Millones de usuarios llegaron a los contenidos de manera orgánica, atraídos por videos que, aunque artificiales, producen una fuerte sensación de autenticidad.

La mayoría de estas piezas fueron posteriormente desactivadas por Facebook. Sin embargo, el episodio deja una pregunta mucho más profunda: ¿qué ocurre cuando la inteligencia artificial consigue producir una apariencia de periodismo suficientemente convincente como para competir con el periodismo real?

El problema no es nuevo. En Colombia ya han circulado videos falsos protagonizados por supuestos militares y médicos que celebraban decisiones gubernamentales relacionadas con aumentos salariales, así como contenidos fabricados sobre soldados de otros países. La Silla Vacía, a través de su sección Detector de Mentiras, ha documentado varios de estos casos.

La utilización política de avatares artificiales tampoco es exclusivamente colombiana. El mismo mecanismo ha sido empleado en distintos países para promover determinadas corrientes políticas, favorecer a candidatos, atacar adversarios o construir relatos favorables o desfavorables frente a gobiernos y movimientos políticos.

La diferencia frente a las formas tradicionales de propaganda está en el costo y la velocidad. Ya no es indispensable contratar actores, equipos de producción o estudios de televisión. Con herramientas de inteligencia artificial disponibles para cualquier usuario, es posible crear en pocos minutos a un supuesto reportero, darle una voz, una apariencia, un acento y un escenario y ponerlo a circular en redes sociales.

El formato, además, está diseñado para captar atención. Los videos de una persona hablando directamente a la cámara generan altos niveles de interacción en plataformas como TikTok e Instagram, lo que contribuye a que este tipo de contenidos tenga capacidad para multiplicarse rápidamente.

El mayor riesgo es que el espectador no necesariamente está frente a una mentira completa. En muchos casos, el acontecimiento que se cuenta sí ocurrió, pero las imágenes, el supuesto testigo y la narración fueron fabricados. Esa combinación convierte la desinformación en un fenómeno mucho más sofisticado y difícil de desmontar.

La etiqueta que identifica algunos contenidos como generados por IA tampoco garantiza que el usuario advierta el engaño. La investigación citada por La Silla Vacía muestra que la advertencia no impidió que los videos alcanzaran cientos de miles de reproducciones. El caso de Neurocurioso constituye, por tanto, una señal de alerta para el ecosistema informativo colombiano. La inteligencia artificial ya no solo permite manipular fotografías o poner palabras falsas en boca de una persona real. Ahora puede crear desde cero al supuesto periodista, el escenario, la multitud y la cobertura completa de un acontecimiento que jamás ocurrió.

En un escenario electoral y de creciente polarización política, la frontera entre información, propaganda y ficción puede volverse todavía más difícil de distinguir. Y el desafío para los ciudadanos será cada vez mayor: antes de compartir un video porque “parece una noticia”, habrá que preguntarse quién aparece allí, si realmente existe, dónde se grabó y, sobre todo, si algún medio independiente verificó que aquello sucedió.

La advertencia de fondo es sencilla pero contundente: que un video parezca periodístico no significa que lo sea. La versión puede adaptarse también a un formato más crítico y de opinión, con mayor énfasis en el impacto de estas prácticas sobre la campaña presidencial y la manipulación del electorado.

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