Más de 90 colombianos figuran como desaparecidos en Rusia, según denuncias que reposan en la Fiscalía y que apuntan a una presunta red de reclutamiento que los habría llevado, bajo engaños laborales, a la guerra contra Ucrania. Las familias aseguran que fueron contactados con promesas de salarios altos, traslados rápidos y contratos que muchos no entendieron, para terminar con uniforme del Ejército ruso y en zonas de combate de máxima exposición.
Los testimonios recogidos en las denuncias describen un mismo patrón: ofertas difundidas por internet o por intermediarios, viajes con escala en otros países, firma de documentos en territorio ruso y entrenamiento militar acelerado antes de ser enviados al frente. En varios casos, los allegados dejaron constancia de que sus parientes alcanzaron a advertir que se habían sentido engañados, pero desde entonces no volvieron a tener noticias de ellos.
Entre los casos reportados está el de Jhonatan Mauricio Ramírez, quien viajó a Moscú el 16 de febrero con la supuesta promesa de cuidar tanques petroleros y terminó diciendo a su familia que había firmado “un contrato con el diablo”; desde el 17 de junio no se sabe de su paradero. También figura Jaime Manuel Vivanco, trabajador del aeropuerto El Dorado, a quien le habrían ofrecido empleo en España antes de ser llevado a Rusia, y Yair Mosquera, de Quibdó, vinculado según la denuncia a una oferta laboral que prometía 15 millones de pesos mensuales y un bono de 50 millones.
La sospecha de las familias es que detrás de estas captaciones opera una estructura criminal en la que confluirían empresas de seguridad privada, reclutadores de talento humano y exintegrantes de las Fuerzas Militares. Esa hipótesis se apoya en que varios de los desaparecidos tenían experiencia militar previa, un dato que habría facilitado su selección para tareas de combate en la guerra, donde el uso de extranjeros sigue siendo un asunto sensible y ampliamente denunciado.
La gravedad del caso crece porque no se trata de hechos aislados: en abril, la Cancillería ya había advertido sobre casi 500 colombianos desaparecidos en Ucrania, y en julio el Consulado en Moscú conocía 168 connacionales reportados como desaparecidos, lo que muestra un fenómeno más amplio de reclutamiento y pérdida de rastro de colombianos en escenarios bélicos. El drama humanitario también ha quedado atado a la lentitud de la respuesta diplomática, mientras las familias insisten en que sus parientes fueron usados como mano de obra de guerra bajo promesas falsas y sin garantías reales de regreso.
La Fiscalía sigue recibiendo denuncias y contrastando nombres, rutas de viaje y contratos, mientras las familias esperan una respuesta que todavía no llega con claridad. En medio de la guerra, el caso expone cómo la desesperación económica, la desinformación y la promesa de dinero rápido pueden convertirse en una trampa letal para ciudadanos que aceptan empleos en el exterior sin dimensionar el riesgo.





