La tregua en los ataques a Irán: Trump queda entre la fanfarronería y la humillación.

El frágil cese de hostilidades que entró en vigor el martes entre Estados Unidos e Irán, justo antes de que expirara el ultimátum lanzado por Donald Trump, ha logrado enfriar momentáneamente el conflicto en Oriente Medio, aunque la falta de detalles concretos y la confusión sobre los términos del pacto generan escepticismo. Mientras el régimen de Teherán proclamó inmediatamente la victoria, el presidente estadounidense, famoso por su verborragia, optó esta vez por un silencio inusual.

Analistas consultados por el portal Clarín señalan que Trump habría creado una trampa al imponer un plazo límite sin calcular que Irán no cedería, y que ahora la república islámica, dueña de las llaves del estrecho de Ormuz, puede recordar al mundo que controla un punto vital para la economía global. Algunos expertos incluso califican la situación como una derrota humillante para el republicano, que podría terminar aceptando un regreso al statu quo anterior a la guerra que él mismo inició.

En las calles de Tel Aviv, mientras tanto, carteles y pantallas digitales piden a Trump que termine el trabajo contra Irán. En el centro de la mesa está la propuesta iraní de diez puntos, que el propio Trump reconoció como base para futuras negociaciones. Esa lista incluye el fin permanente de la guerra y de cualquier ataque contra el llamado Eje de la Resistencia, el establecimiento de un protocolo para el paso por Ormuz que otorgue a Irán un rol de supervisión, el reconocimiento de su derecho al enriquecimiento de uranio, la retirada de todas las fuerzas de combate estadounidenses de la región, una compensación total por los daños de guerra, el levantamiento de todas las sanciones y la liberación de los activos iraníes retenidos en el extranjero.

Hasta hace muy poco, Washington consideraba inaceptable casi cada una de esas exigencias. Pero Trump buscaba una salida rápida a un conflicto que ya lleva 39 días de ataques, mucho más de lo que anticipó, y que le pasaba factura internamente: casi el 60% de los estadounidenses rechaza la guerra, ven subir el precio de la gasolina y temen la inflación, un lastre fatal para su popularidad, ya entre las más bajas para un presidente en este punto de su mandato, justo cuando se acercan las legislativas de noviembre.

Pasada la medianoche, Trump intentó retomar el control de la narrativa y escribió en Truth Social que había sido un gran día para la paz mundial, asegurando que fue Irán quien pidió detener la guerra. Ofreció ayuda estadounidense para el tráfico en el estrecho de Ormuz y pronosticó una era dorada en Oriente Medio, mientras Irán se reconstruye. Ian McPherson, director del Centro para el Estudio de la Fuerza y la Diplomacia de Temple University, explicó que el alto el fuego alivia la presión sobre ambas partes, especialmente sobre Trump, cuyo mayor temor es quedar como un perdedor.

Según McPherson, Irán enfatizará ahora que controla un centro neurálgico de la economía mundial, y la intervención diplomática de China, probablemente motivada por el alza del petróleo, podría ayudar a que Trump busque una salida definitiva a esta guerra desastrosa que él eligió. Kristian Coates Ulrichsen, investigador del Instituto Baker de Rice University, advirtió que aún debe verse si el alto el fuego se mantiene, especialmente porque no está clara la posición de Israel, cuyo primer ministro, Benjamín Netanyahu, dijo que el acuerdo no incluía la ofensiva en El Líbano.

Ulrichsen señaló que la falta de confianza es enorme, pues en dos ocasiones durante el último año Estados Unidos autorizó acciones militares mientras dialogaba con Irán. Si el cese de hostilidades sobrevive dos semanas, será un gran paso para generar confianza; si fracasa, cualquier paz futura será mucho más difícil. Para Osamah Khalil, de la Universidad de Syracuse, el conflicto fue totalmente evitable y la culpa recae enteramente en Trump, quien lanzó el ataque contra el consejo del Pentágono y sin consultar a los aliados europeos.

Aunque Irán ha sufrido graves daños y numerosas víctimas civiles, el régimen sigue en pie y con mayor popularidad nacionalista. Los planes de cambio de régimen de Trump y Netanyahu se derrumbaron, y el presidente estadounidense terminó aceptando la propuesta iraní como base de negociación. Khalil concluye que, si se llega a un acuerdo basado en esas exigencias, especialmente el levantamiento de sanciones y garantías contra futuros ataques, Teherán saldrá maltrecho pero victorioso, lo contrario de lo que prometieron Trump y Netanyahu.

En su análisis, esta es una derrota humillante para Estados Unidos, que ha dejado al descubierto la fragilidad de su postura militar global y tendrá repercusiones durante el resto del segundo mandato de Trump y más allá.

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