Quién es en realidad Campaz, el colombiano “de moda” en Bolivia: ¡Y no es futbolista!

En un operativo que desató una intensa balacera en la ciudad de Santa Cruz, Bolivia, las autoridades bolivianas lograron la captura de uno de los narcotraficantes más escurridizos y violentos de Colombia. Se trata de Jorge Isaac Campaz, conocido con el alias de ‘Mapaya’, quien figuraba en la lista de los criminales más buscados del país más norteño de Sudamérica y sobre quien pesaban dos órdenes de captura internacional.

El coronel Pompeo Sánchez, vocero de la policía boliviana, confirmó este martes que Campaz fue detenido junto a otras 13 personas —11 colombianas y dos bolivianas— en un sector residencial de Santa Cruz. “No hubo heridos de gravedad, pero el operativo requirió el uso de fuerza letal debido a la peligrosidad del objetivo”, declaró Sánchez a la Red Uno, añadiendo que el criminal contaba con una notificación roja de Interpol por delitos que incluyen homicidio, desaparición forzada, concierto para delinquir y tráfico de armas.

Esta captura representa un duro golpe para ‘Los Espartanos’, el brazo armado que mantiene en jaque al puerto de Buenaventura (Valle del Cauca), la principal salida marítima de Colombia hacia el Pacífico. Bajo el mando de Campaz, esta organización se disputaba a sangre y fuego el control del comercio, la pesca y las rutas del narcotráfico con su archirrival, ‘Los Shottas’.

Para entender la magnitud de esta detención, es necesario retratar a quien por 14 años operó con impunidad en el Pacífico colombiano. Jorge Isaac Campaz, de unos 40 años, comenzó su carrera criminal en las entrañas del puerto de Buenaventura, escalando posiciones dentro de la estructura de ‘Los Espartanos’ hasta convertirse en su “máximo cabecilla”, según confirmó la Gobernación del Valle del Cauca.

Apodado ‘Mapaya’, un término que en la jerga local inspira temor, Campaz construyó su imperio a través del terrorismo selectivo. Su modus operandi no solo incluía el homicidio selectivo de rivales, sino también la desaparición forzosa de líderes sociales y comerciantes que se negaban a pagar extorsiones. Las autoridades colombianas le atribuyen al menos una decena de masacres en barrios como el Jorge Eliecer Gaitán y La Playita, zonas donde los cuerpos de las víctimas solían aparecer en bolsas o simplemente nunca eran encontrados.

Irónicamente, mientras sembraba el pánico en Buenaventura, ‘Mapaya’ había iniciado un fallido acercamiento al gobierno de Gustavo Petro para firmar un “acuerdo de paz”. Los Espartanos se habían postulado como un grupo dispuesto a someterse a la justicia a cambio de beneficios, pero los diálogos, plagados de tropiezos y desconfianza por la continuidad de las extorsiones durante el cese al fuego, nunca terminaron de consolidarse. La captura de Campaz en Bolivia evidencia que, mientras negociaba en Colombia, él mismo se preparaba para huir y operar desde el extranjero.

Hasta el cierre de esta edición, el gobierno boliviano no se ha pronunciado oficialmente sobre el futuro judicial de Campaz. Las opciones sobre la mesa son dos: su extradición inmediata a Colombia para que enfrente las dos órdenes de captura internacional que pesan sobre él, o un proceso local si se demuestra que también cometió delitos en territorio boliviano. Fuentes de la policía boliviana adelantaron que, dada la presión de Interpol, lo más probable es que el capo sea entregado en los próximos días a las autoridades colombianas, donde le esperan penas que superan los 50 años de prisión.

Mientras tanto, en Buenaventura, la noticia ha generado una mezcla de alivio y cautela. Para las víctimas de ‘Los Espartanos’, la caída de ‘Mapaya’ es un primer paso hacia la justicia, aunque saben que la estructura criminal que él construyó aún amenaza con seguir derramando sangre en el puerto más violento de Colombia.

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