El brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo (RDC) atraviesa una fase crítica. Hasta el 11 de septiembre de 2026, las autoridades congoleñas reportaron 6.843 casos y 3.310 muertes, mientras la enfermedad se extendió a Sud-Ubangi, una provincia fronteriza con la República Centroafricana y la República del Congo.
La expansión geográfica y los desplazamientos de personas dentro de la RDC aumentan el riesgo de que el virus alcance otros países. Sin embargo, la posibilidad de que el ébola llegue actualmente a Colombia es baja, aunque no puede considerarse inexistente. La epidemia, declarada oficialmente a mediados de mayo, es causada por el virus Bundibugyo y se ha convertido en la decimoséptima registrada en la RDC. De acuerdo con el balance citado por Le Monde, presenta una letalidad del 48,6%, superior a la registrada durante el brote que afectó al país entre 2018 y 2020.
El principal desafío no está únicamente en el número de casos, sino en la movilidad de los pacientes y sus contactos. Uno de los enfermos recorrió varias provincias después de comenzar a presentar síntomas en Kisangani. Posteriormente viajó por Ruanda, Uganda y distintas zonas de la RDC, antes de desplazarse en barco por el río Congo hasta Sud-Ubangi. Las autoridades identificaron a 38 personas que tuvieron contacto con él y fueron puestas en cuarentena.
La situación demuestra que los movimientos por carretera, río y vías aéreas pueden facilitar la llegada de personas expuestas a regiones donde todavía no se habían detectado casos. ¿Por qué el riesgo para Colombia es bajo? El ébola no se transmite como los virus respiratorios. La infección ocurre principalmente mediante el contacto directo con sangre u otros fluidos corporales de una persona enferma o fallecida, o con objetos contaminados. Además, las personas infectadas generalmente no contagian antes de presentar síntomas.
El periodo de incubación puede extenderse de dos a 21 días. Esto significa que una persona expuesta podría iniciar un viaje internacional antes de desarrollar fiebre u otros signos de la enfermedad. Aun así, el virus no se propaga simplemente por compartir un avión, estar cerca de otra persona o coincidir con ella en un espacio público.
Para que el virus llegue a Colombia tendrían que coincidir varios factores:
– Que una persona expuesta en la RDC o en otro país afectado viaje durante el periodo de incubación.
– Que desarrolle síntomas después de su llegada.
– Que tenga contacto directo con fluidos corporales de otras personas.
– Que no sea identificada y aislada oportunamente por los servicios de salud.
– Que se produzca una cadena de contactos sin rastreo epidemiológico.
Por esa razón, el escenario más probable no sería una transmisión comunitaria amplia e inmediata, sino la eventual detección de un caso importado que tendría que ser aislado y sometido a investigación epidemiológica. La extensión del brote hacia zonas fronterizas de la RDC y la circulación de personas por Uganda y Ruanda constituyen elementos de vigilancia internacional. La OMS informó que la epidemia ya afectaba decenas de zonas sanitarias y que la respuesta incluye reforzar la vigilancia, la búsqueda de contactos, la atención de pacientes y la preparación de las provincias consideradas en riesgo.
Colombia no comparte fronteras ni rutas terrestres directas con los países afectados. El riesgo dependería, principalmente, de conexiones aéreas internacionales y de viajeros procedentes de África central o de países que reciban personas provenientes de las zonas afectadas.
En este contexto, los controles sanitarios no deben interpretarse como una señal de que exista transmisión en Colombia. Su función es identificar viajeros con antecedentes de exposición, reconocer síntomas compatibles y activar rápidamente los protocolos de aislamiento y diagnóstico.
Colombia cuenta con antecedentes de preparación institucional frente a una eventual introducción de la enfermedad. El Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud desarrollaron desde 2014 procedimientos operativos relacionados con bioseguridad, vigilancia y atención de casos sospechosos. No obstante, el material público disponible en la página consultada del INS corresponde a una actualización de 2020, por lo que no permite confirmar por sí solo cuáles son las medidas específicas vigentes en septiembre de 2026. Tampoco se debe asumir, sin una comunicación oficial reciente, que exista un caso sospechoso o confirmado en el país.
La respuesta adecuada ante un posible caso dependería de cuatro acciones:
1. Identificar rápidamente el antecedente de viaje o contacto con personas procedentes de zonas afectadas.
2. Aislar al paciente y aplicar estrictas medidas de bioseguridad.
3. Notificar el caso a las autoridades sanitarias y realizar las pruebas correspondientes.
4. Rastrear y vigilar durante 21 días a las personas que hayan tenido una exposición relevante.
Para la población colombiana, el riesgo cotidiano sigue siendo bajo. No existe razón para evitar el contacto normal con otras personas ni para asociar cualquier fiebre o malestar con el ébola. Los síntomas iniciales pueden parecerse a los de otras enfermedades e incluyen fiebre, debilidad, dolor muscular, dolor de cabeza y fatiga; posteriormente pueden aparecer vómito, diarrea, dolor abdominal o sangrado inexplicado.
La situación cambia para quienes hayan viajado recientemente a la RDC, Uganda u otra zona con transmisión activa. Si presentan síntomas dentro de los 21 días posteriores a una posible exposición, deben buscar atención médica e informar desde el primer momento su historial de viajes y contactos. No deberían desplazarse por cuenta propia ni ocultar esa información, porque el manejo temprano reduce el riesgo para familiares, personal sanitario y demás viajeros.
La llegada de un caso importado a Colombia es posible, pero actualmente poco probable. La distancia geográfica reduce el riesgo de transmisión directa, mientras que las conexiones aéreas internacionales mantienen abierta la posibilidad de importación. El mayor peligro no es que el virus se propague por el aire en aeropuertos o aviones, sino que una persona infectada, ya sintomática, entre en contacto con fluidos corporales de terceros sin ser identificada. Por ello, la clave para Colombia no es generar alarma, sino mantener vigilancia en puntos de entrada, capacitar al personal sanitario y garantizar una respuesta rápida ante cualquier viajero con síntomas y antecedentes de exposición.





